Cada vez más países exigen tramitar una autorización electrónica antes de volar: el ESTA estadounidense, el ETA británico, y una lista que crece cada año.
Lo que más se olvida: cada viajero necesita la suya, incluidos los bebés. No se comparte, no se hereda de los padres y no basta con que la tengan los adultos. En algunos sistemas, además, un niño que figure en el pasaporte de sus padres directamente no puede obtenerla, porque hace falta pasaporte propio.
No siempre se concede al momento, así que no lo dejes para la víspera.
Y tramítala solo en la web oficial del país. Hay muchísimos intermediarios que cobran de más por el mismo trámite —a veces el triple— y algunos ni siquiera llegan a completarlo. Si un buscador te lleva a una web con aspecto de gestoría, no es la buena.